martes, 17 de abril de 2012

El gobernador destituido por unas monedas


Todo era tranquilo allá por 1823. Hacía un año y medio que la provincia tenía un nuevo gobernador,  llamado Pedro Molina, quien era un respetado militar y hacendado. La Sala de Representantes lo había elegido para que dirigiera los destinos de nuestra provincia.

En los primeros tiempos, el representante de la provincia gobernaba con cierta tranquilidad, pero la economía empeoraba cada vez más en Mendoza y, de pronto, se encontró en una profunda crisis económica y financiera.

Para mejorar la situación económica de los mendocinos y la suya, Molina no tuvo mejor idea que dictar una ley para acuñar monedas provinciales. 

Monedas para todos
Con esta ley, el Ejecutivo provincial decidió solucionar el problema monetario y creó un cuño para emitir esta piezas de similar diseño parecidas a las antiguas llamadas "macuquinas".

El mandatario hizo grabar una importante suma de monedas de plata, bajo la dirección de José Arroyo y junto al tallista Pedro Miranda, este último llegado desde la ciudad de Potosí.

Estos iniciaron los trabajos de acuñación pero el gobierno y los legisladores seguían en desacuerdo sobre el tipo y los valores del numerario a emitir. Hasta se pensó en su momento en la fabricación de ejemplares en oro. Por supuesto que el negocio era interesante para unos pocos. 

Hágalas usted mismo
Meses después se habían emitido miles de pesos en macuquinas. El gobierno llamó a los vecinos para que entregaran todo objeto metálico de valor como plata y oro. Muchos donaron sus vajillas y otros elementos. Muchos estaban ilusionados con esta medida que proponía salir de la crisis. 

Pero no faltaron los inescrupulosos de siempre que aprovecharon esta débil circunstancia para adulterar y negociar miles de monedas. Con estas falsificaciones, muchos comerciantes y hacendados se favorecieron. Con estas maniobras, cientos de mendocinos se enriquecieron en poco tiempo, al copiar las monedas "hechas en casa".

El enorme desacato culminó con la decisión de una fracción de la Honorable Junta de Representantes que dictó una ley condenando a los falsificadores de monedas, a seis años en la cárcel, confiscarles todas las monedas halladas y aplicarles dos mil pesos de multa.

El coronel Molina propuso contrasellar todo el circulante, lo que se hizo efectivo en 1824.

A pesar de todo este grave problema, los legisladores seguían discutiendo algunos proyectos para remediar la grave crisis que afectaba al comercio. 

Meses después, el gobierno resolvió sacar de circulación todas las falsificaciones. 

Génesis de la inflación
Con la falsificación de monedas y la falta de pesos, se produjo un desmedido aumento de los productos básicos. Varios comerciantes se negaban a recibir las monedas provinciales. Esto ocasionó el enojo de la población contra el gobierno y el pueblo salió a protestar.

Por las calles, la gente se manifestó en una acalorada marcha y pidió la cabeza del gobernador y de los demás funcionarios. Algunos representantes intentaron calmar los ánimos pero no pudieron hacer nada. 

La Junta de Representantes se reunió en la sala capitular del Cabildo. En la puerta, el pueblo silbaba e injuriaba a Pedro Molina. Fue todo un escándalo que repercutió en lo político. Tras este altercado, un grupo de legisladores votó por la destitución del gobernador y toda su comitiva. 

Cuando salió el ex jefe del Ejecutivo, fue abucheado y apedreado por los manifestantes.
Se eligió en su lugar a Juan Agustín Maza pero éste llegó a gobernar un sólo día y renunció al siguiente. 

Luego de la dimisión de Maza, el Cabildo asumió interinamente hasta que fue escogido José Albino Gutiérrez, quien impuso el cambio de moneda con la pérdida del 10% para los tenedores y la entrega de vales por toda suma que excediera los tres pesos. 

Con el tiempo la situación volvió a la normalidad pero el pueblo nunca se olvidó de Pedro Molina y sus monedas.

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