martes, 28 de agosto de 2012

León Tolstói

Escritor y reformador ruso. Se lo considera uno de los grandes de la literatura universal. Nació el 28 de agosto de 1828 en la propiedad familiar de Yásnaia Poliana (sur de Moscú). Hijo del conde Nokolai Ilich terrateniente, y de María Nikolaievna, princesa Volkonskaia. Su primera infancia transcurrió en Yásnaia Poliana. En 1830 fallece su padre y cuando tenía nueve años, murió su madre. Los hermanos Tolstói fueron confiados a la tutela de dos tías paternas y en 1841 pasó a vivir con una de ellas en la ciudad de Kazán. Recibió educación de tutores franceses y alemanes y a los 16 años entra en la Universidad Kazán, donde cursó estudios de lenguas y leyes. En el año 1851 se incorpora al ejército y entra en contacto con los cosacos, que se convertirían en los protagonistas de una de sus mejores novelas cortas, Los cosacos (1863). Como militar, participó contra los guerrilleros tártaros en los límites del Cáucaso y en la guerra de Crimea, en 1853. Desde su juventud se esforzó por contribuir de manera práctica a la instrucción pública. la idea que inspiró su primer libro "Las cuatro épocas del desarrollo" es profundamente simbólica. En dicha obra se propuso describir el proceso de formación del carácter del hombre, desde los primeros años, cuando comienza la vida espiritual, hasta la juventud, cuando esa vida ha adquirido su forma definitiva. Concluyó una obra autobiográfica, Infancia en 1852, a la que siguieron otras dos, Adolescencia (1854) y Juventud (1856). Después aparece Sebastopol (1855-1856), tres historias basadas en la guerra de Crimea. Regresó a San Petersgburgo en 1856. Realiza viajes por el extranjero (en 1857 y 1861), visitando escuelas alemanas y francesas y, más adelante, en Yásnaia Poliana crea para sus campesinos escuelas y centros de trabajo. En 1862, se casó con Sofía Andréievna Bers, miembro de una culta familia de Moscú. Durante los siguientes quince años formó una extensa familia (tuvo quince hijos). Escribió sus dos novelas principales, Guerra y Paz (1865-1869) y Ana Karenina (1875-1877). Guerra y paz es un retablo de la vida rusa durante las guerras de Napoleón, siendo su obra maestra. Ana Karenina es una novela de costumbres de la sociedad rusa cuyo propósito moralizador no prevalece sobre su valor artístico. Alrededor de 1877 se convirtió al cristianismo. En Confesión (1882), se culpa de llevar una existencia vacía y autocomplaciente y emprende una larga búsqueda de valores morales y sociales. Escribe los ensayos Amo y criado (1894). En ¿Qué es el arte? (1898), realiza una condena de casi todas las formas de arte, y abogó por un arte inspirado en la moral, en el que el artista comunicara los sentimientos y la conciencia religiosa del pueblo. Escribe cuentos de carácter edificante, reunidos en el volumen Historias para el pueblo (1884-1885) y obras destinadas a lectores cultos, en las que se permite un mayor espacio para desarrollar su poderosa inventiva. La más conocida de estas obras es "La muerte de Iván Ilich" (1886). El cuento La sonata a Kreutzer (1889) trata de la educación sexual y el matrimonio; la obra teatral El poder y las tinieblas (1888) es una tragedia, y su última novela Resurrección (1899), es la historia de la regeneración moral de un noble hasta entonces falto de escrúpulos. Con 82 años, atormentado por la disparidad entre sus criterios morales y su riqueza material, y por las disputas con su mujer, que se oponía a deshacerse de sus posesiones, Tolstói, acompañado por su médico y la menor de sus hijas, se marchó de casa a escondidas en medio de la noche. Tres días más tarde, cayó enfermo de neumonía y, el 20 de noviembre de 1910, falleció en una estación de ferrocarril.

jueves, 23 de agosto de 2012

Efemérides argentinas para el 23 de agosto

1743:Nace en Santa Fe Francisco Antonio Candioti. El viajero inglés Juan Parish Robertson lo llamó "Príncipe de los Gauchos", en virtud de su vigor, su amor a la pampa y su cortesía. Fue alcalde de Santa Fe y primer gobernador intendente de Santa Fe. Murió en Santa Fe el 27 de agosto de 1815.

1812:El ejército patriota a las órdenes del general Manuel Belgrano se retira de Jujuy en dirección a Tucumán en lo conoce como el "éxodo jujeño".

1862:Muere en Buenos Aires el doctor Eduardo Acevedo redactor del Código de Comercio junto al doctor Dalmacio Vélez Sarsfield

1877:Nace en Buenos Aires José María Cantilo. Fue diplomático. Representó a la Argentina como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en la República Oriental del Uruguay. Fue también embajador en Italia. Fue más tarde ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación.

1878:Se inaugura la Escuela de Artes y Oficios en Villa San Carlos, actual barrio de Almagro, en la capital federal.

1903:Muere José Ceferino Álvarez, conocido como Fray Mocho. Estudió en el colegio Concepción del Uruguay. Fue fundador de la revista Caras y Caretas, que apareció el 8 de octubre de 1898, donde también publicó sus caricaturas de personalidades nacionales y extranjeras. Entre sus obras figuran Memorias de un vigilante, Salero criollo, Vidas de ladrones célebres y maneras de robar, Viaje en el mar austral y Viaje al país de los matreros. Había nacido en Gualeguaychú, Entre Ríos, el 26 de agosto de 1858.

1927:Los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti son ejecutados en la silla eléctrica de la penitenciaría de Charleston, Massachussets, Estados Unidos. Fueron encontrados culpables del asesinato de un pagador y un sereno de una fábrica de zapatos. Sin embargo, cincuenta años más tarde, Mitchell S. Dukakis, entonces gobernador de Massachussets reconoció que los dos inmigrantes eran inocentes y declaró que fueron condenados por sus convicciones políticas.

1990:Se crea la Universidad de San Andrés.

El éxodo jujeño

El 23 de agosto de 1812 el ejército patriota a las órdenes del general Manuel Belgrano comienza el heroico éxodo del pueblo jujeño en dirección a Tucumán. Ante la inminencia del avance de un poderoso ejército español desde el norte al mando de Pío Tristán, el 29 de julio de 1812, Belgrano emite un bando disponiendo la retirada general. La orden de Belgrano era contundente. Había que dejarles a los godos la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles. Para recordar este heroico episodio transcribimos a continuación el bando de Belgrano y unos fragmentos del libro Jujuy. Apuntes de su historia civil.
Fuente: Carrillo, Joaquín, Jujuy. Apuntes de su historia civil, Universidad de Jujuy, Jujuy, 1989, pág. 142-149.
Los días fastos en que el pueblo conmemoraba los sucesos nacionales habían ya sido cambiados. (…) En vez del natalicio de los reyes, comenzaba a marcarse en el calendario popular la festividad nacional del 25 de mayo, día de libertad y de esperanzas. Jujuy debía celebrarlo con pompa y solemnizarlo con una ceremonia memorable, que cumplió con entusiasmo sin igual en los períodos de sus glorias y sus trabajos. El 25 de Mayo era ocasión de reanimar con formalidades tocantes el espíritu que había comenzado a levantarse con la marcha del ejército sobre los territorios antes abandonados. El sentimiento patriótico de Belgrano tuvo fecundidad en la invención de una ritualidad patriótica para herir el corazón de los pueblos y retemplarlos en la fatiga, sublimándolos para el sacrificio en el ardor de las más rudas batallas.
Aquel día (25 de mayo de 1812) el ejército apareció de pie, en formación, cuando el horizonte, tiñéndose del albor esparcido por los rayos del sol naciente, parece abrirse como inmensa cortina, para que desperado el orbe eleve sus cánticos: en aquel momento resonó en la plaza municipal de Jujuy un himno enfático al Dios de la Libertad de América. Lo entonaba aquel pueblo cuyas masas alternaban con las compañías en organizaciones del ejército de Belgrano, y de cuya fraternización en el culto patriótico de aquel día, debía nacer la común resolución de mantener el juramento de ser libres. (…)
Aquel pueblo, que así se estremecía de júbilo, que por la multitud agrupada dejaba escapar las aclamaciones generales, y que por sus autoridades y Cabildo transmitía al jefe su incontrastable resolución de arrostrar el conjunto de los sacrificios que la causa imponía, aquel pueblo llenaba las cuadras designadas a sus bisoños soldados ciudadanos, con que se organizaba el Regimiento Nº 6, y cuya bandera, bendecida el 25, fue también mandada ocultar por el Gobierno. Belgrano la guardó con cariño para legarla al pueblo de Jujuy el día en que fuese coronada por los laureles de la victoria.
Cochabamba caía, cuando en Jujuy se enarbolaba y bendecía la bandera argentina, y se rehacía un tanto aquel ejército, aumentado por el número 6 de jujeños.
Manifiesto era que el itinerario de Goyeneche sería el día después de su triunfo sobre el pueblo de Cochabamba, el que lo condujese hasta los fogones del campamento de Belgrano, o a los tesoros abandonados de las provincias del valle argentino. Terminaba julio, y las avanzadas enemigas eran seriamente reforzadas. A los patriotas les vinieron también algunos fusiles, con los que prepararon a hacer algo, siguiendo a su jefe, que prefirió una retirada, como lo ordenaba el gobierno, y el abandono al enemigo de las poblaciones y ciudades de Jujuy y Salta. Pero no fue tan solo una retirada militar; ordenó un abandono del país a todos sus habitantes; un levantamiento de todo objeto de recursos, o su destrucción, si no era fácil su transporte.
El bando con que precedió su marcha retrógrada fue terrífico e hizo estremecer de ansiedad y amargura a la sociedad de Jujuy. Lo insertamos íntegro por su originalidad, y efectos que produjo.
Bando de Belgrano
“Don Manuel Belgrano, general en jefe…  Pueblos de la Provincia: Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, en que se halla interesado el Excelentísimo Gobierno de las Provincias Unidas de la República del Río de la Plata, os he hablado con verdad. Siguiendo con ella os manifiesto que las armas de Abascal al mando de Goyeneche se acercan a Suipacha; y lo peor es que son llamados por los desnaturalizados que viven entre vosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, propiedad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud.
”Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reunirnos al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres, trayéndonos las armas de chispa, blanca y municiones que tengáis o podáis adquirir, y dando parte a la Justicia de los que las tuvieron y permanecieren indiferentes a vista del riesgo que os amenaza de perder no sólo vuestros derechos, sino las propiedades que tenéis.
”Hacendados: apresuraos a sacar vuestro ganado vacuno, caballares, mulares y lanares que haya en vuestras estancias, y al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme lugar a que tome providencias que os sean dolorosas, declarandóos además si no lo hicieseis traidores a la patria.
”Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis en igual desgracia que aquellos.
”Comerciantes: no perdáis un momento en enfardelar vuestros efectos y remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las penas que aquellos, y además serán quemados los efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, y a quien pertenezcan.
”Entended todos que al que se encontrare fuera de las guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado por las armas inmediatamente, sin forma alguna de proceso. Que igual pena sufrirá aquel que por sus conversaciones o por hechos atentase contra la causa sagrada de la Patria, sea de la clase, estado o condición que fuese. Que los que inspirasen desaliento estén revestidos del carácter que estuviesen serán igualmente pasados por las armas con sólo lo deposición de dos testigos.
”Que serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no lo efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase y condición que fuesen.
”No espero que haya uno solo que me dé lugar para poner en ejecución las referidas penas, pues los verdaderos hijos de la patria me prometo que se empeñarán en ayudarme, como amantes de tan digna madre, y los desnaturalizados obedecerán ciegamente y ocultarán sus inicuas intensiones. Más, si así no fuese, sabed que se acabaron las consideraciones de cualquier especie que sean, y que nada será bastante para que deje de cumplir cuanto dejo dispuesto.
”Cuartel general de Jujuy 29 de julio de 1812”.
Manuel Belgrano
Apenas se lee sereno aquella orden tremenda lanzada contra todo habitante, que sin distinción alguna, debía obedecerla o perecer. El terror del bando hizo su efecto, y como el general se prometía; no encontró resistencias para ser cumplido. (…)
El patriotismo y decisión hizo llevaderas las penurias de la emigración próxima; y “hasta las mujeres se ocupaban de construir cartuchos y animar a los hombres”, como dice también el historiador Mitre.
No se emprendió la marcha sino cuando se había preparado todo y el enemigo se encontraba próximo, adelantando sus partidas sobre las últimas guardias de las fuerzas que habían estado en Humahuaca. Estas sin perder formación, sufrieron la picada que las orgullosas partidas realistas les hacían y atravesaron por las inmediaciones de la ciudad sin que ni se les permitiese a los oficiales detenerse con cualquier objeto un solo momento en las casas de la población. El grueso de la columna había marchado el 23 y la vanguardia, convertida en retaguardia, pasaba en la tarde de ese día. Belgrano fue el último que abandonó la ciudad en la noche, incorporándose a las fuerzas antes del día siguiente. El enemigo se posesionó de aquella solitaria ciudad en medio de su total abandono. Estaba desierta y desmantelada, y espantado del aspecto tristísimo de aquellos hogares desamparados y de aquellas calles mudas y tristes, después de la agradable animación de otros tiempos, escribía el jefe Tristán a Goyeneche: “Belgrano es imperdonable por el bando del 29 de julio”. Cuando pasó sus ojos sobre aquel ultimátum le calificó de “bando impío”.

martes, 21 de agosto de 2012

Efemérides argentinas para el 21 de agosto

 1808:Santiago de Liniers, virrey del Río de la Plata, y las autoridades civiles de Buenos Aires, proclamaron la autoridad de Fernando VII, tras la abdicación de Carlos IV.

1856:Aparece el Primer Sello Postal argentino con destino al interior de la provincia, en la Administración de Correos de Corrientes.

1869:El coronel brasileño Carlos B. de Olivera Nery, comandando fuerzas del Ejército Aliado, atacó y dispersó a las fuerzas paraguayas en el marco de la Guerra contra ese país.

1888:El Congreso disuelve la legislatura de la provincia de Buenos Aires, en cumplimiento de una ley sancionada el 11, por haberse rebelado contra las autoridades nacionales.

1946:El Senado de la Nación aprueba el proyecto de ley sobre derechos políticos a la mujer argentina. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Efemérides argentinas para el 19 de agosto

1813:Gervasio Antonio de Posadas reemplaza a Álvarez Jonte en el Triunvirato que integraban también Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Paso.

1839:Se presenta públicamente en la Academia de Ciencias de París el daguerrotipo, inventado por el francés Louis Jacques Mande Daguerre.

1845:Muere en la isla de Santa Catalina, Brasil, el escritor cordobés José Rivera Indarte. Escribió un Himno a Rosas, pero más tarde se pasó a las filas unitarias. Fue uno de los redactores de La Gaceta Mercantil. Había nacido en Córdoba el 18 de agosto de 1814.

1904:Se crea el Instituto Superior de Agronomía y veterinaria, actual Facultad de Agronomía y Veterinaria, por decreto del Poder Ejecutivo.

1934:Tiene lugar un plebiscito en Alemania que permite el ascenso de Hitler a la presidencia de Alemania reteniendo el cargo de Primer Ministro.

1936:El poeta español Federico García Lorca es fusilado en Viznar, Granada.

1948:Se sanciona la Ley 13.229 que crea la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

1983:Se produce una manifestación en Buenos Aires contra la ley de autoamnistía militar. 

viernes, 17 de agosto de 2012

Efemérides argentinas y otras para el 17 de agosto

 1585:Llega a la ciudad de Santa Fe el teniente de gobernador del Paraguay Juan de Torres Navarretes, quien reemplazó al fallecido general Juan de Garay.
1808:Nace en Buenos Aires Juan Pedro Esnaola. Fundó el primer conservatorio nacional de la república. Su versión del Himno Nacional, publicada en 1860, fue adoptada como versión oficial. Junto con Amancio Alcorta y Juan Bautista Alberdi, fue uno de los primeros compositores argentinos. Murió el 8 de junio de 1878.
1850:Muere en Boulogne-Sur-Mer, Francia, el general José de San Martín. Militar argentino, obtuvo su primera victoria en la causa de la independencia de América en el combate de San Lorenzo, al frente de los Granaderos a Caballo. Fue gobernador intendente de Cuyo y organizó el Ejército de los Andes. Tras cruzar la cordillera, obtuvo las victorias de Chacabuco, en 1817, y de Maipú, en 1818, que aseguraron la independencia de Chile. En julio de 1821 entró en Lima, Perú, y el 28 de ese mes declaró la independencia de ese país. Las desavenencias con el gobierno de Buenos Aires lo decidieron a marchar hacia Europa. Había nacido en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.
1865:El general Venancio Flores, que comandaba el Ejército Aliado, venció a los paraguayos, al frente del mayor Duarte en los campos de Yatay, Corrientes.
1891:Nace en Buenos Aires el poeta Oliverio Girondo, autor deEspantapájaros y En la másmédula. Murió en Buenos Aires el 24 de enero de 1967.
1922:Muere en Alta Gracia, Córdoba, el dramaturgo Belisario Roldán, autor de obras como El rosal de las ruinas y El puñal de los troveros. Había nacido en Buenos Aires el 16 de septiembre de 1873.
1961:A instancias del presidente estadounidense John Kennedy, la Organización de Estados Americanos, con excepción de Cuba, inaugura la Alianza para el Progreso, en la conferencia que tuvo lugar en Punta del Este, República Oriental del Uruguay.

San Martín y el pedido de Avellaneda para repatriar sus restos

El 5 de abril de 1818 tuvo lugar la batalla de Maipú. El general don José de San Martín, al mando de fuerzas argentino-chilenas, derrotó en los llanos de Maipú, Chile, al ejército realista, al mando del general español Osorio. Tras esta batalla, quedó sellada la independencia de Chile. A continuación, transcribimos el discurso pronunciado el 5 de abril de 1877, en el aniversario de esta batalla, por el presidente Nicolás Avellaneda, invitando a recolectar fondos para la repatriación de los restos de San Martín.
Fuente: Gutiérrez, Juan María, Biografía del general don José de San Martín, Mónica Editorial, Buenos Aires, 1945, págs. 35-42.
Conciudadanos:
Es hoy el aniversario de Maipú. Han trascurrido cincuenta y nueve años desde el día excelso de la victoria, y tres Naciones independientes y diez millones de hombres libres pueden ponerse de pie impulsados por la gratitud, para repetir el grito con que el Dictador O’Higgins saludó al vencedor sobre el campo mismo de la batalla: “¡Gloria al Salvador de Chile!”
¿Quién era el vencedor?
Su nombre, se encontraba ya inscripto en el número de los Grandes Capitanes de la Historia. La hazaña de la epopeya americana estaba ejecutada; y un año antes, el pueblo argentino había levantado sobre su cabeza, en la plaza de Mayo y bajo la sombra de la nueva bandera enarbolada por Belgrano, un Escudo con este letrero que leyó entonces la América y que ha recogido hoy la Historia: “La patria en Chacabuco al vencedor de los Andes”.
Tres años después, el nombre del vencedor de Chacabuco y de Maipú volvía a asociarse a una de las escenas más solemnes en la historia de este Continente.
Detengámonos para contemplarla.
Lima –La Ciudad de los Reyes- la Metrópoli de las Colonias es ya libre. Están solamente representadas en su Plaza Mayor todas las instituciones coloniales. He ahí –el excelentísimo Ayuntamiento que ha custodiado durante tres siglos el Estandarte Real de la conquista, que trajo Pizarro y que fue bordado por las manos augustas de la madre de Carlos V –helo ahí abatido sobre la haz de la tierra –he ahí la Universidad de San Marcos precedida por sus cuatro colegios y los prelados y párrocos de sus setenta iglesias. Hay construido un tablado en el lugar mismo, donde la Santa Inquisición encendió su hoguera. Un hombre está de pie para hablar desde su altura y agitando el pendón de una nueva Nación, pronuncia estas palabras: “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”.
El nombre del general don José de San Martín subió en clamoreos hasta el cielo; y el hecho del día fue perpetrado por las inscripciones de una medalla vaciada en bronce imperecedero: “Lima juró su independencia en 28 de julio de 1821, bajo la protección del ejército libertador comandado por San Martín”.
Es ésta la obra del guerrero. Su espada sólo brilló para emancipar pueblos; y representa la acción exterior de la Revolución de Mayo, saliendo de sus límites naturales, abarcando la mitad de la América con sus vastas concepciones y contribuyendo con sus generales y sus soldados a sellar la independencia de muchos pueblos.
Las victorias de San Martín son los lampos de luz que circundan el nombre argentino; y mostrando sus trofeos que fueron pueblos redimidos, nos cubrimos con sus esplendores para llamarnos –Libertadores de Naciones 1.
La obra del guerrero se perpetúa y se magnifica, representada por pueblos nuevos que prosperan cada día en la civilización y en la libertad. Su nombre pertenece a la historia que lo menciona entre los grandes capitanes del mundo, y es honor de la América y gloria de un pueblo. He ahí su obra encarnada en millones de hombres. He ahí su nombre encumbrado sobre uno de los más altos pedestales del siglo y resguardado contra el olvido por el juicio humano. ¿Dónde está su tumba, para que vayamos en piadosa romería a rendirle honores fúnebres en el aniversario de sus batallas?
¡¡Su tumba!! El movimiento natural del corazón enternecido y agitado por grandes y poéticos recuerdos, iría a buscarla en el fondo de ésta su América, apartando las yedras gigantescas que aprietan las piedras de los templos derruidos, en aquel misterioso pueblo de Yapeyú. Capital de las Misiones, entre las selvas impenetrables y los monumentos legendarios de la dominación jesuítica, que fueron la primera visión de su infancia!
¡¡Su tumba!! La gratitud y el orgullo querrían encontrarla en la Plaza del Retiro, de donde salieron sus famosos granaderos que vencieron en San Lorenzo y once años después en Junín, para que su gran Sombra continuara pasando la revista de nuestros soldados, a la vuelta y en la partida. Busquemos más. –Donde se durmió el sueño de la victoria, se puede dormir en paz y en gloria el eterno sueño de la muerte-. ¿Por qué no hallaríamos la tumba del General San Martín del otro lado de los Andes, al pie de la cuesta de Chacabuco, entre las ásperas sinuosidades de la roca dura, donde reclinó su frente tras de la batalla, sin orgullo y meditabundo, austero y doblemente vencedor?
Mas no. La América independiente no muestra entre sus monumentos el sepulcro del primero de sus soldados. La República Argentina no guarda los despojos humanos del más glorioso de sus hijos.
La reparación es inevitable. Hay justicia póstuma en los pueblos, conciencia en la historia y luz sin sombras para las nuevas generaciones.
En nombre de nuestra gloria como Nación, invocando la gratitud que la posteridad debe a sus benefactores, ivito a mis conciudadanos desde la Plata hasta Bolivia y hasta los Andes, a reunirse en asociaciones patrióticas, recoger fondos y promover la traslación de los restos mortales de D. José de San Martín, para encerrarlos dentro de un monumento nacional bajo las bóvedas de la Catedral de Buenos Aires.
Miremos más de cerca la figura inmortal de nuestro Gran Capitán. Es además el primer  patriota de la América. Somos y seremos los ciudadanos de una República pacífica y al consagrar nuestro entusiasmo, no debemos desprendernos del sentimiento de nuestros destinos. Los laureles del guerrero no llenan el cuadro histórico.
Un año ha pasado después de jurada la independencia de Lima. Un Congreso soberano se ha reunido en su recinto; y el Libertador de Chile y Protector del Perú se apresta a desprenderse en su presencia de las insignias del mando, abandonando para siempre la vida pública. –Oigámosle-. Va a pronunciar palabras sencillas y grandes, las más grandes que se hayan oído bajo el cielo de América, porque expresan una abnegación sin ejemplo, mezclándose al mismo tiempo en su austera simplicidad a acontecimientos inmensos.
“Presencié la declaración de la independencia de los Estados de Chile y del Perú. Existe en mi poder el Estandarte que trajo Pizarro para esclavizar al Imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público. He ahí recompensados con usura diez años de revolución y de guerras. Mis promesas para con los pueblos están cumplidas –hacer su independencia- y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos. La presencia de un militar afortunado, por mayor desprendimiento que tenga, es temible para los estados que se constituyen de nuevo”.
Estas palabras fueron las últimas y tras de ellas se cierra la carrera pública de don José de San Martín. Eran el desenlace de un drama. Los dos más famosos guerreros de la revolución, partiendo el uno desde la Plata y el otro desde el Orinoco, habían venido inevitablemente a encontrarse sobre el último capo de batalla que les quedaba en América. “Señor, dijo el general argentino, seré vuestro segundo y pelearé bajo vuestras órdenes.” El libertador Simón Bolívar guardó silencio, y la escena histórica quedó concluida por la inmolación voluntaria del patriotismo.
Las célebres Conferencias de Guayaquil han sido por mucho tiempo el problema de la historia. “Serán un día revelados sus misterios”, hemos oído todos decir, desde que hubimos sentido esas ingenuas curiosidades suscitadas por la fascinación del renombre; y cuando alguno de los testigos presenciales se ha levantado pera hablar en son de confidencia, la América entera ha quedado atenta escuchándolo.
Pues bien, las revelaciones están hechos –han hablado testigos y actores y podemos nosotros levantarnos a nuestra vez para decir-. Nunca hubo tales misterios en la Conferencia de Guayaquil. No hay invisible, sino lo que fue visible del primer momento y lo que los ojos no quisieron creer, a pesar de verlo, porque era grande y portentoso.
Sí, un hombre en la plenitud de la vida y bajo todo el poder de las pasiones, abdicó el mando supremo, y renunciando al Ejército que había formado, a nuevas lides y a mayores glorias, a la vida misma de los campamentos fuera de los que no hay aire vital para el que nació soldado, y apretándose el corazón, fue a refugiarse durante treinta años en el silencio como en una tumba, para que otro general más afortunado completara sin celos ni rivalidades la obra de la independencia americana.
La envidia gritó –los misterios de Guayaquil-. La calumnia irguiéndose fue a buscar al héroe en las soledades del desierto. San Martín se concentra silencioso en el sentimiento de su gloria. ¿Qué valdría la palabra, si no valió la inmolación? Los años pasan estériles. Pongámonos de pie. El drama humano ya concluye. El general San Martín va por fin a hablar, no en presencia de los hombres, sino ante Dios.
¡Es él!, y se nombra. Escuchemos la enumeración de sus títulos que ningún argentino de las presentes y futuras generaciones volverá a reunir: “Yo José de San Martín, generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, capitán general de la de Chile y brigadier general de la República Argentina…prohíbo que se me haga ningún género de funerales”.
¿Para qué, en verdad? Hace treinta años que sobreviviéndose a sí mismo, lleva sus funerales como una urna cineraria, dentro de su propio corazón. Pero no todo está muerto en él. La fibra humana conserva aun sus vibraciones para los cariños supremos. Ama a su hija y la menciona con palabras de indecible ternura. Ama a su patria…y le lega su corazón. “Desearía que mi corazón fuese depositado en el cementerio de Buenos Aires”.
Invito nuevamente a mis conciudadanos para recoger con espíritu piadoso y fraternal este santo legado. Las cenizas del primero de los argentinos según el juicio universal, no deben permanecer por más tiempo fuera de la patria. Los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y las que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son las que mejor preparan el porvenir.
Nicolás Avellaneda                                                  
Buenos Aires, 5 de abril de 1877


1 Él fue el que reveló a la República Argentina el secreto de su poder y de su fuerza, dando vuelo a su genio militar en el exterior, en los momentos en que devorada en el interior por la anarquía y por las malas pasiones, apenas parecía tener fuerza para sostenerse a sí misma; y gracias a esa fe robusta que lo animó entonces fuimos redentores de pueblos; gracias a ella las banderas argentinas pasearon en triunfo la América del Sud, y salvando con muchos sacrificios a medio mundo, nos salvamos a nosotros mismos.